viernes, 15 de noviembre de 2019

EL CASTILLO TEMPLARIO DE PONFERRADA

 

n la próxima entrada pasáremos por Ponferrada, y aprovechando esto, me gustaría hablaros del Castillo de Ponferrada.


   El Castillo "templario" de Ponferrada se sitúa sobre una colina en la confluencia de los ríos Boeza y Sil. Se emplaza en lo que, probablemente, en origen fue un castro celta, en una posición similar a la de otros de la comarca. Posteriormente se cree que fue un emplazamiento romano y visigodo.

Restos de excavaciones arqueológicas. A la derecha, la ronda del Sil.

   Hacia 1178 Fernando II permite que los templarios establezcan una encomienda en la actual Ponferrada. En 1180 el rey expide fuero para la repoblación de la villa que había surgido un siglo antes, documentándose la primera fortificación en 1187. La fortaleza fue reconstruida en numerosas ocasiones a lo largo de las Edades Media y Moderna. Actualmente, toda la zona palacial y ciertas torres de su recinto del siglo XV han sido reformadas con el fin de instalar un centro cultural. 


 
Interior de la Biblioteca Templaria y Centro de Estudios Históricos
Libro de Horas de Visconti (siglo XV)


   En estos momentos el castillo cuenta con la exposición permanente templum libri en la que se exponen libros facsímiles del medievo y del renacimiento, y la nueva Biblioteca Templaria, que cuenta con 1380 volúmenes relacionados con la Orden del Temple y que la convierten en la mayor de sus características en todo el mundo.



   En el recinto del Castillo, con forma de polígono irregular, se distinguen dos partes diferenciadas: la parte norte, del siglo XII, y el resto, construido a lo largo del siglo XV, con algunas obras realizadas en los siglos XIX y XX. En tiempos pretéritos el castillo estuvo rodeado por un foso, excepto en el lienzo noroccidental, donde el río cumplía esa misma función.

Plano de la ruta a seguir por el recinto del castillo. Arriba, el Castillo Viejo


Castillo Viejo

 

   En el interior existe un grupo de fortificaciones del siglo XII de origen templario: los restos de una barbacana en el acceso a un patio, al que abren la torre elíptica, parte del paseo de ronda, una torre que tuvo tres pisos, la torre del Malvecino y otra torre en la que destaca una puerta de arco apuntado, de gran valor artístico.

 
La imponente barbacana del castillo
 
Las torres de Malvecino, a la izquierda, y Malpica, al fondo
 

   La fachada noroeste constituye un parapeto corrido que termina en la torre del Moclín, de planta hexagonal irregular. Bajo él se abría una nueva ronda que defendía el subterráneo que unía el castillo con un aljibe, situado en una torre albarrana.

 
Sección del castillo, con el pasadizo subterráneo que permitía la bajada al río Sil.

   La portada principal, de mampostería, está compuesta por dos torreones que flanquean un amplio arco de medio punto. Tras este arco se alzaban las puertas de acceso al patio en el que, a la izquierda, se sitúa la torre del homenaje, desde la que se accede a la plaza de armas, hoy cubierta de escombros. 

El Homenaje Nuevo es la única torre visitable del Castillo Viejo

   Antes de entrar en el patio hay un recinto defensivo que conduce a la torre Cabrera, situada al sur y comunicada con la primera línea defensiva del lado este, en cuyo punto medio se alza una torre semicircular, destinada a calabozos y a la comunicación con la segunda línea de defensa. El paramento continúa hacia el norte, encontrándose otra torre cuadrada, antes de acceder a la torre de Malvecino, del siglo XV.

 
Al fondo a la izquierda, el Castillo Viejo. A la derecha, el Palacio Nuevo

   En el patio de armas, adosadas a otra línea defensiva, se encuentran varias dependencias, como la Galería de los Azulejos, derruidas y cubiertas de escombros debido a que 1811 una orden de la Regencia del Reino manda que vuelen las dependencias interiores (el daño no debió ser muy grande porque en 1815 se ofreció en sus salones un baile de sociedad) y a que desde que en 1848 el Ayuntamiento de Ponferrada, con la oposición frontal de la Comisión de Monumentos de Ponferrada, la empezase a utilizar como cantera local y mil otras felonías que culminaron en 1923 cuando se volaron sus muros para la construcción  del campo de fútbol de la Ponferradina, lo cual parece surrealista.

 
 

jueves, 7 de noviembre de 2019

TOMÁS, EL ÚLTIMO TEMPLARIO

Caballeros de la Orden del Temple Resurgida regentan un refugio para peregrinos en El Bierzo en el que siguen las pautas de la vida monástica

  
n uno de los tramos más difíciles del Camino Francés, en El Bierzo, después de pasar la Cruz de Ferro, los caminantes llegan a Manjarín y se encuentran allí otra cruz, la de la Orden del Temple. Del mismo modo que hace nueve siglos los cruzados defendían a los peregrinos que llegaban a Tierra Santa, Tomás Martínez, el último templario, ayuda a los que caminan al sepulcro del Apóstol. Desde 1993 regenta un refugio de ambientación y dotación casi medieval.
 
 
   Antes de proclamarse sucesor de la orden militar cristiana, Tomás era sindicalista y afiliado de la ORT (Organización Revolucionaria de Trabajadores), de signo comunista maoísta. "Yo siempre fui creyente, incluso en mi etapa marxista", asegura. De hecho, tuvo su primer contacto con la Orden del Temple en una librería de la Liga Comunista Revolucionaria, donde se hizo con el libro que despertó su interés por el tema.

   "Nos consideramos universales y no besamos anillos a nadie"

   En 1986 se echó al Camino desde León para coincidir con otros miembros de la Orden que estaban haciendo la Ruta Jacobea para señalar los lugares templarios. Entonces, no llegó a ganar el jubileo. Estando en Ponferrada sintió "la llamada": "Desde las murallas del castillo empezó a sonar canto gregoriano".
   Dos años después, dejó trabajo y vida matrimonial atrás para ir en busca de aquellos ecos. Quería instalarse en Ponferrada y montar una librería especializada en temática templaria, pero otros se adelantaron a abrir un negocio en el bajo comercial que él había elegido. Sin querer desobedecer a los designios de su destino, no dudó en ponerse al frente de una granja que le dejaron gratis en Valdueza.

 
   Entre tanto, Tomás también tomaba parte en todos los hitos que protagonizaban los templarios. En 1990, fueron a la procesión de la Virgen de la Encina, defensora del Bierzo, para hacerle una ofrenda vestidos con sus túnicas blancas cruzadas. Dos años después, se fundó el Círculo Templario de Ponferrada.
   Cuando no ejercía de caballero, Tomás seguía pastoreando ovejas, hasta que se contagio con la fiebre de malta. Si durante siglos se ha especulado con los rituales iniciáticos de la Orden, para este miembro en particular la enfermedad fue la prueba que le hizo convertirse en caballero del Temple a tiempo completo. Para superar la dolencia ovina, se retiró durante tres meses al albergue de Jato en Villafranca del Bierzo. 

 
   Fue allí donde el hospitalero le contó que había un tramo del Camino sin hospedería, un pueblo abandonado llamado Manjarín, entre la Cruz de Ferro y Molinaseca. A Tomás le pudo la vocación templaria y decidió prestar servicio a los peregrinos en ese lugar frío e inhóspito. En 1993, abrió su refugio en una escuela vacía de niños desde hacía décadas. La población había echado el cierre mucho tiempo atrás.
 
 
 
   Desde que el templario montó su albergue, ha dado alojamiento a 55.000 caminantes, unos 30 cada día. "Les preparamos el desayuno y la cena y pagan la voluntad, y poca voluntad tienen algunos", explica. Para financiarse, venden también recuerdos con el símbolo del Temple. "Atendemos a todo aquel que llega a nuestra puerta, aunque sea musulmán", ironiza este templario del siglo XXI entregado a una cruzada diferente.
   En esta misión le ayudan otros dos caballeros y un aspirante que deberá prestar servicio tres años antes de vestir la túnica blanca con la cruz roja. Pertenecen a la Orden del Temple Resurgida, fundada en Tortosa. En España hay otros grupos que se declaran sucesores de los templarios, pero este es el más independiente de la jerarquía eclesiástica: "Nos consideramos universales y no besamos anillos a nadie".

 
   El refugio de Manjarín se ha constituido como monasterio y sus pobladores siguen las pautas de la vida monástica. Además del labora, no olvidan el ora, que practican con tres rezos diarios: "La oración tiene dos partes, la primera para honrar a los hermanos templarios y pedir inspiración para los soldados de Cristo y guerreros de la luz, y la segunda para rogar a la Virgen y el Arcángel Rafael que protejan a los peregrinos".

 
   Dicen tener vocación de servicio: "Nos dedicamos a ayudar a ex drogadictos, ex alcohólicos y ex presidiarios. En este caso, también a peregrinos". Tomás quiere echar una mano a todos los que van tras una nueva esperanza, pero es muy crítico con la masificación de la Ruta, que ha hecho perder el verdadero sentido de la peregrinación. A su puerta llegan peregrinos de verdad, pero también turistas y toda clase de individuos pintorescos e incluso indeseables, desde carteristas a seguidores de Satanás, pasando por los más comunes juerguistas practicantes del botellón. Por eso, pese a su buena voluntad, ha negado posada a algunos. Aquellos que le hacen perder el temple.

 
* Este artículo apareció en la edición impresa del PAIS del Sábado, 18 de septiembre de 2010

 

viernes, 1 de noviembre de 2019

VIGESIMOCTAVA ETAPA (5ª Jornada IV Tramo)

  
n la etapa que nos describe Isidro hoy nada mas comenzar el Camino llega a su techo junto a la Cruz de Ferro, clavada sobre un montículo de piedras a 1.500 metros de altitud. Cerca, entre tañidos de campana y señales de humo, se sitúa el refugio templario de Manjarín, en pie desde 1993 gracias a Tomás Martínez. La maragatería sucumbe a El Bierzo, que se presenta en un crudo descenso entre pastos y piornos. El Acebo, Riego de Ambrós, Molinaseca, a orillas del río Meruelo, y Campo vertebran la etapa.
 

 

FONCEBADÓN - MOLINASECA (18,2 Kms)

   Saliendo por la calle Real de Foncebadón, nos dirigimos hacia el hito del que nos ocupamos ampliamente en la entrada anterior: la Cruz de hierro, donde el peregrino deposita una piedra en su base para pedir protección en el viaje, nos encontramos en una de las cotas de mayor altitud de la ruta (1504 metros). El lugar es uno de los más míticos y emblemáticos del camino, se cree que, otra "cruz del ferro más primitiva", fue instalada sobre un altar romano dedicado al Dios Mercurio (Dios de los caminos) por el ermitaño Gaucelmo, que dedicó su vida a dar protección y cobijo a los peregrinos en estas inhóspitas tierras.
 
   Con el monte Teleno a nuestra izquierda se sigue por una senda muy cercana a la carretera y a unos dos kilómetros de la cruz se encuentra otro pueblo abandonado: Manjarín, aunque no del todo, ya que en él se ha instalado Tomás, uno de los hospitaleros más singulares del camino por su exclusiva dedicación a los peregrinos a pesar de la dureza del lugar, por su afición a todo lo relacionado con la legendaria "Orden del Temple" (sé autodefine como el único y último Templario) y en definitiva por la inestimable ayuda que presta a todos los peregrinos que la necesitan.

   Poco después se alcanza la máxima altitud (1520 metros) al pie de una ex base de telecomunicaciones del Ministerio de Defensa. A partir de ahí, un prolongado y fuerte descenso por la otra ladera del Monte Irago, casi 17 kilómetros, alternando con atajos y la propia carretera nos conducirá hasta Molinaseca. Antes se pasa por los pintorescos pueblos de El Acebo y Riego de Ambrós.

   A la salida de Riego de Ambrós, el camino discurre por un barranco y después de cruzar la carretera se interna en pleno monte, para salir nuevamente a la misma carretera poco antes de alcanzar Molinaseca, cuya entrada se hace por el antiguo puente románico sobre el río Meruelo.


 

 

 Foncebadón - Manjarín :  3,1 Km (pk 3,1)


   De Foncebadon hasta la Cruz de Ferro, que son unos dos kilómetros, continúa el ascenso, y ahora quizás más duro, al salir de Foncebadón , a un kilómetro, ya se ve al fondo la cruz del ferro, el punto más alto de todo el Camino Francés. En esta localidad se abandona la carretera para tomar un pedregoso atajo por el monte y recuperar la calzada en lo alto.
   Era tradición, hace ya cientos de años, que los peregrinos llevasen una piedrecita encima desde su lugar de origen y, al llegar a lo alto, la depositasen a los pies de la cruz al ver a la Galicia de entonces.  
   Muchos lugareños aseguran que es un lugar mágico, especial, cargado de energía. De hecho, muchos de los peregrinos que llegan hasta aquí así lo corroboran y aprovechan la parada, además de para descansar, para meditar, para reflexionar, para encontrarse consigo mismos en un paraje que, en un día de niebla, parece un lugar encantado.

   Ya en la Cruz el camino es un suave descenso por sendas paralelas a la calzada. ¡Una delicia!

 
    En Manjarín, minúsculo enclave abandonado o casi que contaba antaño con un hospital para peregrinos, se localiza en la actualidad uno de los albergues más peculiares y conocidos de la ruta francesa. Se trata del refugio Los Templarios, gestionado por Tomás Martínez, un hospitalero y antiguo peregrino que sintió la llamada templaria durante una estancia en Ponferrada y al que dedicaremos la próxima entrada del Blog.
   Después de Manjarín empezaremos a bajar inmersos en un paisaje impresionante y al llegar al Acebo nos adentraremos en El Bierzo.
   Atrás dejaremos la inmensa llanura castellana para cambiar radicalmente. Nos recibirán los montes Aquilanos y el Morredero, dejando atrás el monte Teleno.

 

Manjarín - El Acebo de San Miguel:  7 Km (pk 10.1)

 
  
 
   La bajada a El Acebo desde Manjarín, que también alterna entre carretera y atajos por sendas, es probablemente uno de los más bellos tramos del Camino por sus espectaculares vistas. No vamos a comentarlo, que lo descubra y lo disfrute el peregrino en todas sus dimensiones.
 
 
   El acebo está a unos siete kilómetros de Manjarín, ya en la comarca de El Bierzo y perteneciente al municipio de Molinaseca.   Este típico pueblo-calle, pueblo-camino, tiene incierto origen.   Cerca hay castros que nos hablan de asentamientos celtas y zona minera de época romana, hubo una gran afluencia de eremitas a esta zona por los siglos V-VIII y después llegó el apogeo de la peregrinación con el Camino.
   Está documentado por primera vez en el s. XIII, hubo hospital y albergue para peregrinos en el s. XV y su funcionamiento se prolongó hasta el s. XVI.
   Los Reyes Católicos, al igual que a otras poblaciones, le exoneraron de pagar tributos y del servicio de armas a condición de mantener el hospital para peregrinos y de situar 400 pares de estacas en la nieve para señalizar el Camino, enlazando con Manjarín y Foncebadón.
   Este pequeño pueblo, de cuidado aspecto, levanta sus casas a ambos lados de la calle principal iniciada en la Fuente de la Trucha.
   Hay algunos buenos ejemplos de arquitectura popular, como las Escuelas, con balcones de madera y tejados de pizarra. La iglesia parroquial de San Miguel tiene origen románico, s. XII, y contiene una escultura en piedra policromada con una túnica con flores, un tanto enigmática, que representa a un hombre con barbas, descalzo y con un libro.
 
 
 
   Como no tiene los clásicos detalles jacobeos no se sabe si representa a Santiago.
   La espadaña tiene dos campanas, una de ellas es la de Santa Bárbara, llamada así porque cuando amenazaba tormenta era volteada por una persona devota y el temporal se alejaba de la zona sin causar daños a personas, animales o cosechas.

   Pocos pueblos conservan el antiguo y peregrino sabor, como El Acebo. Cuando, desde lo alto del Camino, se asoma el peregrino y observa, los tejados de pizarra, la antigua construcción de sus casas y la estrechez de sus calles, ya intuye el lugar como uno de los más bellos e interesantes de la ruta.
 

El Acebo de San Miguel - Riego de Ambrós: 3.7 Km (pk 13.8)

 

   Se atraviesa El Acebo por la pendiente calle Real y se sigue por carretera unos dos kilómetros, donde la abandonamos para descender a Riego de Ambrós, localidad que pertenece al término municipal de Molinaseca.
   Tuvo hospital desde el s. XII. Típico por las balconadas de madera destaca el caserío.
   La iglesia parroquial de la Asuníón fue construida en el siglo XVI, con una cubierta a dos aguas de pizarra y de fábrica de mampostería también de pizarra. Para acceder a la misma, cuenta con una portada lateral enmarcada por dos columnas de sillería unidas por un arco de medio punto. En cuanto a su estructura, cuenta con una sola nave rematada con una pequeña cabecera.
 Junto con la iglesia parroquial y la ermita de San Fabián y San Sebastian, es todo lo destacable de esta población.
 

Riego de Ambrós - Molinaseca: 4.4 Km (pk 18.2)

  


   Sigue el descenso en un tramo parecido a los anteriores, pero en esta ocasión pisando mas tierra que asfalto. 
   El peregrino ha descendido desde lo mas elevado de los emblemáticos montes de León y está accediendo al valle del Bierzo, siendo Molinaseca una de las poblaciones más bellas y atrayentes. Una refrescada de pies bajo los centenarios arcos de su antiguo y conocido puente es un placer que no se puede describir.
   Molinaseca es nuestro destino. Nos recibe el Santuario de Nuestra Señora de Las Angustias y el Puente de los Peregrinos que da acceso a una localidad dedicada a los peregrinos y con tradición industrial de embutidos y productos de la huerta berciana.

 

   El paso del río Miruelo o Meruelo, en Molinaseca, se realizaba por el “Puente Medieval” que da acceso a su Calle Real. 

 

   El puente, “de bella factura y bonita estampa”, y el único peatonal del Bierzo, identifica a la villa. La fábrica de las tres bóvedas más antiguas -hoy embotadas en el conjunto del puente- sugiere, según algunos autores, un origen romano.
   Es copiosa la documentación que existe del mismo a partir del siglo XII. Sufrió a lo largo de la historia varias ampliaciones y modificaciones. Una muy importante en el siglo XVIII. La última, realizada en l.980 por la Dirección General de Arquitectura (con proyecto de José C. Velasco), es un ejemplo de acertada restauración.
   El orgullo mostrado por los habitantes de la villa ante su “Puente Medieval de Peregrinos” está justificado. Representa, con el de Toral de Merayo, a una de las joyas del patrimonio histórico de la comarca.

 

   Descripción técnica. El ancho del puente varía de los 2,6 metros en su lado Este, hasta casi los 4 metros en la bajada en la Calle Real. Las luces de sus siete bóvedas de sillería abarcan desde los 4,20 m. a los 8m. Las tres primeras por la margen derecha pertenecen, quizás, a un puente más antiguo; están semienterradas por lo que sus arcos de medio punto parecen escarzanos. Las otras cuatro, más modernas, son de medio cañón y peraltadas; también hoy, están modificadas.
 
    Molinaseca, conocida popularmente como Molina, ofrece al visitante toda su belleza y tranquilidad. 
   Esta población es un alto en el Camino de Santiago y uno de los enclaves más importantes de la ruta jacobea. Sus calles de sabor medieval invitan a hacer una parada para recorrer su historia.

   Las casas nobles con escudos y sus calles nos muestran una villa con un gran pasado.
 
 
   Destaca la calle Real, también conocida por la calle de los Peregrinos ya que el Camino de Santiago transcurre por ella.  Es una ciudad centro de parada obligada para los miles de peregrinos que se dirigen a Santiago de Compostela y para los visitantes que se deciden a recorrer esta zona leonesa, es una ciudad viva que ha sabido conservar su historia.    
 

viernes, 25 de octubre de 2019

LA CRUZ DO FERRO



   
n la cumbre del Monte Irago, se yergue la Cruz de Hierro, Cruz do Ferro, en gallego o Cruz de Fierro en leonés, señalando el punto más alto del Camino Francés en la provincia de León, 1520 metros sobre el nivel del mar, y el inicio de la bajada de 920 metros de desnivel hasta Molinaseca, ya en plena comarca de El Bierzo.
 

Relación de la Cruz de Ferro respecto a la etapa anterior y posterior

   La cima del Monte Irago está a un kilómetro del pueblo de Foncebalón, y es allí donde se encuentra enclavada la emblemática Cruz do Ferro. Un gran poste de madera de 5 metros de altitud con una pequeña cruz de hierro en su cúspide. La base la forma un gran amontonamiento de piedras de todos los tamaños. pudo ser erigida con el fin de señalar el camino cuando las frecuentes nevadas lo ocultan a la vista o con la intención de convertir en cristiana la tradición pagana, de origen, presumiblemente celta, de depositar piedras en lugares simbólicos de los caminos hasta formar montículos. A estos montículos se les llamaba Monte de Mercurio en honor del dios Mercurio. Esta costumbre se cristianizó tras colocar el abad Gaucelmo, (abad de la alberguería de Foncebadón y de la de Majarín), a principios del siglo XI, la cruz original, hoy depositada en el Museo de los Caminos de Astorga.
 

   Siguiendo otro camino, no muy lejos de ella, podemos encontrar otro de estos Montes de Mercurio (éste sin cruz).
   Sobre su origen se apuntan varias posibilidades, no necesariamente excluyentes. Como hemos dicho antes, una apunta hacia la necesidad de tener un punto de referencia para los caminantes que se aventuraban por estos montes durante las intensas nevadas que por la altitud y la orografía desde siempre se han producido. Otra posibilidad es que se trata de un Monte de Mercurio romano con origen en los cúmulos de piedras (milladoiros) que los celtas erigían en puntos significativos de los caminos y que al cristianizarse pasaron a ser cruceros (cruces de caminos). Ya la tercera posibilidad se relaciona con la organización territorial romana y la necesidad de marcar los límites de sus territorios.
   Los segadores gallegos en su paso hacia Castilla, donde iban a trabajar, continuaron con la tradición depositando una piedra a su paso.  

 
   En su base, a lo largo de los siglos los peregrinos han depositado piedras hasta formar un monte. Una leyenda cuenta que cuando se construyó la Catedral de Santiago de Compostela, se pidió a los peregrinos que contribuyeran trayendo piedra. En todo caso la tradición es tirar una piedra, traida del lugar de origen de cada uno, de espaldas a la cruz para simbolizar con ello, el desprenderse de los pecados que originaban la peregrinación. Los peregrinos creían que el día del Juicio Final, «cuando las piedras hablen», éstas testificarán que dicho peregrino había cumplido en vida su peregrinación; en caso de no haber arrojado la piedra, aquélla no tendría validez. Algunos dicen que este acto, consiste en arrojar fuera de sí todo aquello que no es puro, el pecado o el miedo a lo desconocido, se trataría de sacar lo peor propio o de nuestros allegados a través de un sistema psicológico, de una especie de magia simpatética, y dejarlo a los pies de la cruz   Esta es algunas de las muchas explicaciones que hay, otra decía que el origen está en una ley romana que obligaba en ciertos puestos fronterizos a pagar un arancel, que normalmente se hacía con algún tipo de mineral.  
   Una de las más antiguas referencias literarias a la Cruz de Ferro viene de la pluma de Alonso de Castillo Solórzano:

 “Ellos que habían subido a la cumbre del áspero puerto del Rabanal, topáronse en el primero llano con la Cruz de Ferro, tan nombrada de los que caminan por aquella tierra, y hallando buena ocasión Marcos, que la había visto otra vez que se le ofreció ir a Astorga, dijo a su compañía: -Dominga; ésta es aquella Cruz de Ferro tan conocida de todos los de nuestra tierra, a quien las doncellas de allá, que pasan por aquí, hacen su oración, pero no el voto que dicen, de no volver como pasaron”; “… en la tal información supo cuán cerca estaba de la Cruz de ferro, tan nombrada en aquella tierra; pasó por cerca della y hízola oración, sin tener cuidado de la promesa que todas las gallegas la hacen…”.
 
   Constantino Cabal escribió al efecto “A Mercurio, en los caminos y a modo de sacrificio, se le amontonaban piedras, que eran refugio de los manes” y ya recientemente en “Gárgoris y Habidis”: “Hasta hace algunos años, grupos de segadores bajaban a trabajar en los trigales castellanos por la vereda de las Portillas y, precisamente al llegar al Bierzo, volvían los ojos atrás y tiraban una piedra al pie de la Cruz do Ferro”.
 
   Sea como fuere, en el siglo XI el eremita Gaucelmo, abad de la alberguería de Foncebadón y Manjarín, colocó la cruz en el lugar que ahora conocemos y con el paso del tiempo nació la costumbre de que cada viajero que pasara frente a la cruz depositaría una piedra traída de su lugar de origen en su base.
 


   Independientemente de si se conoce o no la tradición de depositar la piedra, lo cierto es que en lugar tiene u otra algo especial que invita al caminante a detenerse. Mucha gente asegura que los celtas tenían conocimientos ahora olvidados que les permitían distinguir eso lugares con una especie de energía especial. Sea verdad o no, es una bonita idea. El miedo a lo desconocido, a la muerte, al más allá, y la necesidad de desprenderse de lo viejo para hacer sitio a lo nuevo es común a los humanos desde el principio de los tiempos. Así que el origen de la Cruz de Ferro tiene origen místico en donde una piedra ocupaba el lugar del sacrificio humano y así el viajero se deshace simbólicamente de lo viejo para dar cabida a lo nuevo y continuar con los infinitos ciclos de vida y muerte.

    Además, la Cruz de Ferro se halla en la cumbre de una montaña (más cerca de los Dioses), un Axis Mundi, un eje cósmico y simbólico del mundo propicio a las manifestaciones trascendentes.

   Realidad, mito y leyenda se entremezclan en la Cruz de Ferro y le dan al lugar unas connotaciones únicas que nos hacen sentir que nos encontramos en un lugar especial.
 
 
    En 1982 fue construida junto a la Cruz una capilla dedicada al Apóstol Santiago, y desde hace unos años, el Centro Gallego de Ponferrada celebra la Festividad de Santiago con una romería en el lugar que congrega a cientos de personas.


   Desde el alto se domina todo un circo de montañas y se pueden observan las dos vertientes donde se sale de la Maragatería y se entra al Bierzo .